jueves, 14 de marzo de 2013

Personal Soldier.

1.
4 de Septiembre, de 2008.
Querido diario,
Estoy asustada. No, no te preocupes. No pasa nada de que preocuparse. Soy solo yo de nuevo. Yo garabateando estas letras inlegibles en el baño del colegio. Está un poco mojado, y oloroso. Hay voces en mi cabeza, hay gente hablando. Hay olor a pis y cigarro, y esto está supuesto a ser un baño de un colegio. Pf.
Claf. Clap. Claf. Hay alguien aquí, no se quién es, sé que hay. Lo sé, estoy segura, es obvio. Estoy asustada y ahora es de verdad. Diario, eres tan adorable. Eres lo único bonito aquí.
Hoy fue un día normal, desperté sola en el silencio sepulcral de cada mañana. No preguntes, no quiero decirte, diario, eres el único que no me conoce del todo y me acepta, tengo miedo, quizá me dejes. Como decía, fue un día tranquilo, llegué al colegio, la mochila golpeandome en mis huesudos omoplatos. Fui a mi primera clase, matemática. Sabes que no soy buena en eso, bueno, pues, bien, tuve que pasar al frente, y hacer el ejercicio más complicado de mi vida entera. Lo hice, y todos quedaron tan atónitos que no reí por no ser cruel. El día iba casi bien,… se encaminaba a un buen día.
Y entonces, como siempre, algo llegaba. Y, en este caso, fue educación física, gym, vergüenza masiva… como quieras llamarlo.
Había peinado mi cabello en una trenza y me había puesto mis nuevos shorts negros. Bajé de peso durante el verano, nadie podía llamarme gorda nunca más, porque no lo era. Caminé con mi nuevo cuerpo por el gimnasio, la gente me miró. Me gustó. Lo admito, me encantó. Llegué a sentirme una persona nueva. Pero no era, era la misma estúpida gorda en un cuerpo más bonito. Ellos me hicieron ver. Gracias.
Teníamos que jugar voley, chicas por un lado, chicos por el otro. La profesora tiró la pelota al aire y comenzó el partido, jugué, como pude pero lo hice. Y en un momento, la pelota se desvío a la cancha donde los varones habían parado de moverse. Entonces, este perfecto chico ruliento de la que he estado enamorada toda mi vida, vió la pelota y corrió para pasarmela. Uh, correción. No me la iba a pasar a mí, era para Jessica, pero eso la verdad no importa. Porque no me pasó la pelota, la pateó, y está se estalló en mi cara. Y este chico, rompió en risas, y gritó “¡Gorda estúpida!”. Corrí fuera del gimnasio, siendo lo último que vi, los ojos celestes del mejor amigo de él. Ese chico que siempre veo reír, parece simpático. No lo sé, no lo conozco.
Pero ahora estoy aquí, garabateano incoherencias, volviendo a deprimirme, y solo confiando en ti, pequeña cosa marrón.
Sobreviviendo, siempre,
Ly.
 

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